Las gafas de sol, además de una protección para nuestros ojos, son un complemento de uso habitual para muchas personas, a menudo el usuario desconoce cuales deben ser las características y cualidades necesarias en unas gafas de sol para que realmente cumplan su objetivo básico: proteger al ojo sin renunciar a una buena calidad visual.

Energía Ultravioleta, Uso Y Abuso

Los rayos ultravioleta (U.V.) forman parte de las radiaciones invisibles que acompañan  la luz en su llegada a la tierra, reciben esta denominación por corresponder a aquellas radiaciones cuya “longitud de onda” es menor que la correspondiente al color. a exposición intensa y contínua a los ultravioleta  sin la protección necesaria, dará lugar a quemaduras, envejecimiento e incluso cáncer de piel.

En las mismas condiciones, los trastornos a nivel ocular  son igualmente importantes, afectando a la parte anterior y transparente del ojo (“córnea”), a la “conjuntiva” (membrana ocular fina y transparente que reviste la superficie interna de los párpados y parte del ojo) en forma de alteraciones celulares cancerígenas y/o en el “cristalino” (lente intraocular que permite la adaptación visual del ojo a diferentes distancias) en forma de “cataratas”.

Entornos De Riesgo Y Filtros De Protección

En determinados entornos los mecanismos naturales de protección oculares no son suficientes, llegando hasta el extremo de que el mismo órgano de protección se pueda deteriorar por un ataque excesivo de radiaciones nocivas. Es el caso del cristalino expuesto a una fuerte radiación ultravioleta, ya sea durante un período largo de tiempo o por acumulación de exposiciones más breves (efecto acumulativo). En estas circunstancias, su papel “absorbente” de los ultravioletas es causa de su deterioro orgánico y funcional, sufriendo cambios histológicos y alteraciones químicas que le conducirán inevitablemente a la pérdida progresiva de transparencia (“cataratas“).

Unas gafas de sol de mala calidad, cuya capacidad de protección solar sólo se limite a reducir la intensidad luminosa visible mediante el tono oscuro de sus vidrios, son más peligrosas que no llevar nada. La “pupila” como mecanismo regulador de entrada de luz al ojo, disminuye y aumenta su tamaño en función de la intensidad luminosa visible, si es “engañada” por el tono oscuro de unos lentes que no filtran el paso de las radiaciones nocivas invisibles, aumentará su diámetro dejándolas pasar y quedando por tanto, el ojo mucho más expuesto a ellas de lo que quedaría sin esas gafas.

Es necesario, por tanto, que las gafas de sol sean realmente filtros de protección.

Una buena gafa de sol, por tanto, debe hacer frente a todas las consideraciones expuestas sobre las radiaciones solares y además no renunciar al mantenimiento de una buena agudeza visual.

Las lentes de sol, como filtro protector, no solamente han de absorber la luz azul y la ultravioleta sino que su límite de absorción de las radiaciones visibles no debe rebasar el necesario para el mantenimiento de una buena visibilidad.

Unos filtros de protección eficaces pero que sacrifiquen incluso la luz visible no nociva, reducirán la agudeza visual hasta el extremo de perjudicar y hacer peligrosas las actividades del usuario (conducción, navegación, esquí, montañismo…etc).

Otro aspecto fundamental de las lentes de sol, es el referente al mantenimiento de una percepción lo más fidedigna posible de los colores. La distorsión cromática de las lentes solares de mala calidad implica una mala percepción de los colores, cuestión que afecta particularmente a la conducción.

Finalmente el diseño y fabricación de las lentes debe estar regido por estrictos controles de calidad. Unas gafas de sol, equipadas con lentes cuya función de filtro protector sea buena pero que sus superficies sea irregulares provocando distorsiones en el espacio visual, no merecen ningún tipo de confianza.

Las lentes orgánicas se han de limpiar bajo el grifo, para que el agua arrastre las pequeñas partículas de polvo depositadas sobre su superficie.

Garantías En La Adquisición De Unas Gafas De Sol

La popularización de las gafas de sol, su diversificación en la oferta y los dictados de una moda que cambia constantemente, han creado un mercado “paralelo” en el que el concepto básico y prioritario de la gafa de sol, que es la protección de los ojos, queda apartado por una fabricación masiva, sin ningún tipo de control sobre las lentes que garantice una adecuada protección visual.

Estas gafas de sol de mala calidad se distribuyen irregularmente en mercadillos y establecimientos no especializados. Muchas personas, guiadas erróneamente por la búsqueda de un precio bajo, no son conscientes de los graves trastornos que implica el uso de unas gafas que además de no proteger perjudican su visión.